Arquetipo y Empatía

Soporte y consultoría ERP. Autorizado SAINT.

Elio Montiel
Psicología y vida Venezuela

Sobre la boca del lobo, semáforos y otras cosas en la calle… : @eliomontiel

Elio Montiel
Elio Montiel

Hablar de mi país en este momento, es sumergirte (o que te sumerjan) en una piscina de caos y tensión (y de que existe no hay la menor duda) visible en todos los fenómenos que se suceden en el día a día, sin embargo, soy de los que cree, que es precisamente desde el caos de donde proviene el orden. La ausencia de uno, materializa al otro, le da identidad. Es como esos hermanos que si bien no pueden vivir sin pelearse por cualquier cosa, tampoco pueden “ser” sin el otro; él es un hermano porque el otro es su hermano.

Hoy un compañero de viaje me hablaba de lo mal que estaba todo, de cuan difíciles están las cosas para todos y que el futuro se vislumbraba, “negro como la boca de un lobo”.

Mientras mi estimado compañero de viaje no paraba de hablar diciéndome todas esas cosas que ya conozco y vivo a diario, su narración se iba transformando en mi mente en una especie de película de ciencia ficción en la que un meteoro infortunadamente registrado muy tarde, se aproximaba a la órbita terrestre… Al despertar de mi “lapsus” de ficción le dije: ¿Sabes que la boca del lobo no es necesariamente negra? Más bien morado profundo y en algunos casos hasta color rosa oscuro o gris. Se quedó observándome como pensado ¿Qué le habrá pasado a este loco? Mientras que intentaba rescatarme a mí mismo de  esos incómodos segundos en los que el silencio parecía no terminar nunca….

Las únicas palabras que pronunció fueron, ¿Qué harías Tú?  ¿Con qué? repregunté. ¿Con el caos en el que estamos?

Hoy al salir de mi casa iba a cruzar la calle, por lo que esperé a que el semáforo cambiara para el paso de peatones porque hasta donde sé, esto se trata de una especie de juego de turnos. Un rato de espera yo, un rato de espera los autos y así sucesivamente. Como todo en estos casos debe ser equitativo, pues hay un árbitro, el semáforo, quien avisa del turno de cada quien.

En mi calle desde hace algún tiempo el semáforo (árbitro) ha perdido el respeto de conductores y peatones dando paso a la anarquía, es decir de un juego de turnos pasó a ser un “Juego de Tronos”. Ancianos, jóvenes, niños en sus cochecitos simple e impúdicamente hacen lo que les viene en gana y no existe norma (que si existe) ni autoridad (que también existe cuando tienen provecho de la situación) que solucionen esa simple práctica cívica de cruzar la calle en el rayado y cuando corresponde. Eso, simplemente nos dice que si así estamos a ese nivel tan bajo de los fenómenos que se arruman en la cotidianidad social, como estará más arriba, donde la trama se va haciendo más compleja y aderezada con otros vínculos racionales mas no razonables, (económicos, políticos, jurídicos, morales, y un gran y largo etc.), que a su vez demuestran sus propias escoriaciones y llagas de sus propios caos.

Pensar en eso me da urticaria y también pesar de saberme miembro de una sociedad desacioada, una en la que mi individualidad se había mezclado con otras individualidades para constituirse en un “algo” que hoy simplemente parece el refugio de la escoria que pueda uno imaginarse…

Entré en pánico, ¡fue ese momento en el que me di cuenta! de eso y de que mi compañero de viaje estaba aun más pálido y con la mandíbula caída… Carraspee un poco  y le pedí disculpa por mi palabrerío y me prometí, no dejarme arrastrar nuevamente.

Lo cierto es dije: En todo este caos, de lo único que tengo control, es de mi propia vida, por lo que mi responsabilidad es inherente a ella, a mis decisiones y a los caos que ella genere o no. Dicho esto mi querido compañero de viaje, haría simplemente lo que está en mis manos para de alguna manera (la que pueda) impactar a otros y ayudar a que sus decisiones individuales también afecten de manera positiva, tanto sus vidas, como la de otros que comparten con nosotros este pequeño mundo en el que nos toca vivir.

Si de algo te sirve, le dije. Empieza siempre por sentirte bien contigo mismo, cuida de tus decisiones, aprende de las acciones del pasado, nunca te sientas derrotado y siempre confía en que lo que hagas siempre será dando la mejor versión de ti mismo, así simplemente sea esperar tu turno en el rayado del semáforo para cruzar la calle.
Que descansen…

 

Elio Montiel

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