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Sociología Talento humano

El verdadero servicio

Cada vez que pienso en la situación política de nuestro país, pienso en lo acertado que fue Winston Churchill cuando dijo que el problema de los hombres de nuestro tiempo radica en que no quieren ser útiles sino importantes. Existe toda una concepción errada del verdadero sentido de ser político; pues para muchos esto supone el adquirir poder, el ser reconocido, y sobre todo el ser servido. Sin embargo, el verdadero político, el que desea involucrarse en los asuntos del Estado, ser administrador de los bienes de una nación y constructor de país, es ante todo un servidor.

El mundo está lleno de gobernantes que no son políticos y mucho menos servidores de sus naciones. Personas a las que principalmente las mueve la ambición personal, y en lugar de generar beneficios para pueblos enteros, la voluntad solo les alcanza para llegar a su círculo más íntimo. Basta darle una ojeada a la prensa de cada día para ver el egoísmo de estos gobernantes exaltado en dimensiones que provocan repugnancia. En mi opinión, hace falta una introspección, un verdadero examen de conciencia para saber cuáles son las motivaciones de cada uno de los aspirantes a servidores públicos.

Un día leí una anécdota acerca de un hombre que era un sargento, bajo cuyo mando tenía una compañía de soldados. Estaban en guerra y todos se encontraban realmente fatigados, la comida escaseaba, descansaban muy poco y ya prácticamente no tenían ninguna motivación para seguir luchando. Aunado a todo esto, cada vez que el sargento se dirigía a sus soldados, lo hacía mediante insultos, minimizando a través de ellos su integridad como hombres.

En una ocasión en la que el grupo de soldados se había reducido considerablemente debido a las bajas de algunos de sus compañeros, se encontraban en una situación en la que debían hacer una trinchera, y necesitaban cargar un tronco muy grande. Los hombres apenas lograban levantar el tronco y una vez que estaba arriba, las fuerzas no les alcanzaban para sostenerlo; a lo que el sargento respondía profiriendo una sucesión de palabras ofensivas contra ellos.

Mientras esta escena se desarrollaba, un hombre que iba cabalgando, al escuchar semejantes insultos se detuvo para observar lo que sucedía. Entonces, se dirigió al sargento diciéndole que por qué no les echaba una mano él mismo, a lo que el muy ensoberbecido hombre le respondió: -Señor, yo soy un sargento. El desconocido, se quitó el sombrero y haciéndole una reverencia le dijo: -Disculpe usted, no lo sabía. Entonces se bajó del caballo, se arremangó la camisa y comenzó a ayudar a los soldados.

Una vez que lograron levantar el tronco y colocarlo en el lugar idóneo, el desconocido, con las ropas empapadas de sudor y una expresión de satisfacción en su rostro, le dijo al sargento: -Señor sargento, la próxima vez que usted tenga un trabajo como este y no cuente con suficientes soldados, mande a llamar a su general, y yo vendré y le ayudaré con mucho gusto.

Esta es la actitud que debería asumir aquel que lidera un equipo. Un verdadero servidor público se involucra en el trabajo; desciende desde su «elevada posición» y hombro a hombro participa con su gente. No busca el bien propio sino el bien común. No busca la gloria de su persona sino el respeto de aquellos a quienes sirve, porque su fin no es la exaltación propia sino el deber cumplido.

La grandeza del hombre es del tamaño de la humildad de su corazón.

Entonces Jesús, llamándolos, dijo: Sabéis que los gobernantes de las naciones se enseñorean de ellas, y los que son grandes ejercen sobre ellas potestad. Mas entre vosotros no será así, sino que el que quiera hacerse grande entre vosotros será vuestro servidor. Mateo 20:25-26.

ROSALÍA MOROS DE BORREGALES |  EL UNIVERSAL
rosymoros@gmail.com
http://familiaconformealcorazondedios.blogspot.com/
@RosaliaMorosB

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